‘Especial Harry Potter’ – La piedra filosofal

harry potter and the stone

Ahora mismo, tengo a mi lado los siete volúmenes que componen la saga de fantasía Harry Potter, una de las más exitosas de la historia tanto del cine como de la literatura, y  que durante más tiempo nos ha tenido enganchados, algo que ni siquiera George Lucas, con sus gran paréntesis en su ‘Star Wars’ ha logrado conseguir. La historia creada por J.K. Rowling ha estado al pie del cañón, cada pocos años, otorgándonos una nueva aventura que ha ido creciendo con sus lectores, pasando desde las novelas infantiles a los relatos más oscuros, con ecos a los trabajos de Arthur Conan Doyle y llenos de ideas sobre el bien, el mal, la muerte, el odio y el resentimiento. Tanto los libros, como las películas que poco a poco fueron desligándose del relato original, tienen detalles grandísimos y algunos de los mejores personajes de la literatura actual, pero también grandes fallos y costuras mal hechas. Sin embargo, este mundo de escuelas mágicas, casas, hechizos, mazmorras, mortífagos, cámaras de los secretos, dragones, dementores, misterios y muggles le ha valido el derecho de ser considerada como una de las más grandes historias de fantasía de todos los tiempos.

Harry Potter y la piedra Filosofal.

La historia de Harry Potter empezó como cualquier otra relacionada con la fantasía, siguiendo cada una de las leyes del género y sin ningún detalle que, en sus primeras páginas, nos llamase la atención. La propia autora tuvo problemas para publicarlo, porque en las editoriales siempre te piden los primeros capítulos, y ella enviaba hasta la presentación de Hagrid, aunque ni siquiera le llegábamos a ver. Además, tuvo que firmar con el nombre de J.K. porque los editores le aseguraron que “las mujeres no vendían libros de fantasía”. Infantil y sencilla, la idea era la siguiente: una odiosa familia, los Dursley, tiene que hacerse cargo de un sobrino al que nunca han visto cuando sus padres son asesinados, y durante los once años que se ocupan de él se encargan de que su vida sea totalmente desgraciada. Los Dursley son tan odiosos que casi parecen caricaturas, pero la autora sabe describirlos muy bien. Me encanta esa mujer porque exagera tanto las reacciones, los diálogos y los comportamientos que no podemos dejar de identificar a los Dursley con alguno de nuestros conocidos. Harry vive en la alacena debajo de la escalera, tratado como un sirviente o más bien un esclavo, mientras que su odioso primo Dudley tiene todo lo que quiere y cuando lo quiere. No sabemos nada de la historia de nuestro protagonista excepto que un misterioso hombre llamado Albus Dumbledore aseguró antes de entregar al niño a los Dursley, que Harry era muy importante, y que alguien, alguien malvado, había desaparecido al intentar matarlo.

El día de su undécimo cumpleaños, una misteriosa carta llega a casa de los Dursley. Entonces sus tíos se asustan y tratan de impedir por todos los medios que el chico tenga acceso a esa carta. Pero, y aquí entra un elemento importantísimo de la saga, los emisores de esas misivas no tienen ningún tipo de medida ni control sobre lo que puede llegar a ser excesivo. Al segundo día, aparecen tres cartas. A la primera semana, cien. A los quince días, las ventanas, buzones y chimeneas de las casas revientan de tantas cartas como llegan. Y por mucho que los Dursley se empeñen en esconderse en el lugar más recóndito del mundo, al final un corpulento semigigante llamado Rubeus Hagrid, les encuentra. Y aquí es donde se nos presenta toda la historia: Harry tiene habilidades especiales, y acaba de ser elegido en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, posiblemente la escuela más importante de Gran Bretaña. Harry se queda en shock, porque no sabía que él pudiera ser un mago. Entonces Hagrid le cuenta lo típico: que existió un mago malvado que se hacía llamar Lord Voldemort, y que asesinó a los padres de Harry pero que, al intentar matarle a él, no sólo no pudo, sino que desapareció. Esa noche algo acabó con él, algo para lo que nadie tiene explicación. Y por eso, el nombre de Harry Potter es tan conocido en el mundo mágico.

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Harry empezaría así la mayor aventura de su vida, desvelándonos que tras cualquier chico oprimido y mal vestido, puede aparecer un auténtico héroe. También descubrimos ese mundo exagerado y cómico de los magos, donde comprendemos que quizá todos están un poco locos y hay cosas que no tienen mucho sentido. Todo resulta lo contrario a los Dursley, aburridas familias de clase media con pánico a todo lo que se salga de lo ordinario. El callejón Diagon, con tiendas de animales, plumas, varitas, escobas voladoras, el famoso banco mágico Gringots o el término Muggle para referirse a aquellos que no pueden hacer magia, lograron atrapar al público y crear la suficiente entidad al universo potteriano. De pronto da igual que tengas doce años como que veinticinco o cuarenta, al lector se le abren los ojos como platos cuando descubrimos todo lo que puede ocurrir en un lugar como Hogwarts. Es allí, entre los muros del castillo, donde todos los libros tendrán lugar. En entregas posteriores saldrán de allí para ir a Londres o al pueblo de Hogsmeade, pero de momento centrémonos en donde estamos. Antes incluso de llegar, Harry se topa con una familia humilde y lastimosa, pero con un enorme corazón: Los Weasley. Quizá por la afinidad que Harry siente con ellos, ya que son quienes le ayudan a cruzar el Andén 9 y ¾ (otro ejemplo más de que quizá no están todos lo cuerdos que deberían), o más bien porque sabe lo que es sentirse desgraciado y blanco de todas las burlas, Harry conoce al que, como no podía ser de otra manera, está destinado a convertirse en su mayor enemigo durante su estancia en la escuela: Draco Malfoy, un chico cuyo nombre ya nos tira para atrás y que se nos antoja odioso, respondón y un matón con alma de cobarde.

Más detalles que hicieron famosa a la saga fue presentarnos al colegio como dividido en varias casas, con nombres tan cool como Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Nada más llegar, los niños serán divididos y entrarán a formar parte de cada una de ellas, ganando puntos con sus aciertos y perdiéndolos con sus errores hasta, al final del curso, ganarla Copa de la Casa.Un elemento sumamente británico, si lo pensamos un poco. Harry vive en un internado con todo lo que eso conlleva: un curso acompañado día y noche por compañeros, amigos, enemigos y profesores. Quizá esto ayudó a que gran parte del público infantil se sintiera identificado, porque cuando somos pequeños la escuela o el instituto es un microcosmos donde todo lo que hacemos consigue que nos juzguen y nos lleguen a hacer la vida imposible. De ahí que la rivalidad entre Harry y Malfoy sea tan importante… pero pasemos a los profesores.

Y es que, si algo destacaría de la saga, no son sólo las historias, los misterios etc etc… sino los personajes, los que hacen que, con sus decisiones y actos, avance la historia. Por muy épica que sea la trama, necesita apoyarse en una serie de personas que serán quienes las vivan. Y los profesores de Hogwarts son los más complejos e interesantes, presentándonos al principio del primer volumen como seres planos, malvados o inteligentes, cobardes o estrictos, pero que finalizarán la serie con tanta corporeidad como podría tener un auténtico ser humano, tocando temas como el poder, el resentimiento, la homosexualidad, la ambición, el deber, lo que es correcto… y lo que es fácil. Pero de momento podrían clasificarse en grandes grupos: Dumbledore, el director, es el paradigma del mentor. Un elemento importante en cualquier historia fantástica que conlleve un viaje iniciático. Es el maestro de Harry, el Obi Wan de nuestro Luke. Dumbledore es poderoso y sabio, pero parece un vejete chiflado que ya chochea. Sin embargo, J.K. Rowling lo describe de una forma que no da lugar a confusión: sabemos que él es quien manda y sabemos que en cualquier situación, por desesperada que sea, si él aparece por la puerta, estaremos a salvo. Sólo son palabras escritas en un papel, pero crean esa sensación. De los menos importantes Minerva McGonagall  o Quirrell, a quienes percibimos como la estricta profesora que todos hemos tenido y el profesorcillo débil blanco de todas las bromas, pasamos a Snape, Severus Snape, un hombre al que nos describen como un cuervo negro, con piel cetrina, nariz ganchuda y pelo grasiento. El más abominable y odioso personal docente del colegio, alguien quien odia a Harry por alguna razón aparente y le ríe las gracias a Draco Malfoy. Otro enemigo. Hablando un poco de las películas, pienso que no puede haber mejor actor para interpretarlo que Alan Rickman. Ese hombre no es que clave el personaje, es que se transforma en él y cuesta imaginar otro Snape que no tenga su aspecto, su semblante o su voz apagada.

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Aun así, por muy interesantes que sean estos detalles, no sirven para hacer un libro entero. Sumándose a la rivalidad ancestral entre las casas Gryffindor y Slytherin, a la que nos pintan como la mala malísima, creadora de todos los magos malvados, dirigida por el no menos malévolo Snape y poblada de gente desagradable como Draco Malfoy (lo tienen todo, los pobres) hay que sumarle una historia, y es toda la relacionada con la piedra filosofal. Para todos aquellos que no lo sepan, la piedra filosofal era un elemento relacionado con la alquimia que podría transformar cualquier material en oro puro, a la vez que otorgar la vida eterna. Las editoriales americanas, siempre pensando en la inteligencia de los lectores, pensaron que “Filosofal” era un término demasiado complejo para sus niños, y cambiaron el nombre del libro a “la piedra del mago”, algo que afectó incluso a las adaptaciones cinematográficas. Ese objeto parece estar escondido en el castillo, bajo una serie de grandes mecanismos de seguridad. Sin embargo, Harry y Ron, acompañados de la niña Hermione, sabionda y la tercera de este grupo que está destinado a acompañarnos durante mucho mucho tiempo, creen que alguien va a intentar robarla. Por supuesto, todas las sospechas recaen en Snape, no sólo ya por su odio visceral hacia Harry, sino porque además, parece que el profesor intenta tirar de su escoba al chico durante un partido de Quidditch, un deporte que se juega por escobas, pilar básico también en la rivalidad entre las casas y donde Harry tiene el papel más importante de todo el equipo, como no podría ser de otra forma teniendo en cuenta que es el protagonista.

Pero Harry, Ron y Hermione no se van a quedar de brazos cruzados, y con once años tratarán de impedir que Snape robe la piedra. Pero todo es más misterioso y complicado de lo que parece en un principio. Harry recibe un paquete que contiene una capa invisible, propiedad de su padre, y en el transcurso de varias de sus aventuras, descubre que hay algo viviendo en el bosque prohibido que rodea el castillo, algo que se alimenta a base de sangre de unicornios, una sustancia que te mantiene vivo sea cual sea tu estado. Pero matar un animal así es un crimen atroz, de modo que sólo lo haría alguien que no tuviera nada que perder, que tuviera un plan para salir adelante. Alguien como ese mago malvado del que todos hablan y del que se dice que no murió hace años. Y como Snape nos cae mal y va vestido de negro, el lector y los personajes ya dan por sentado que es un aliado de Lord Voldemort y está buscando el resurgir de su señor. De modo que los tres chicos se internan en un laberinto de pruebas, en las que podemos reconocer la mano creadora de cada uno de los personajes. Fluffy, el perro gigante que guarda la puerta, es propiedad del guardabosques Hagrid, obsesionado por los animales peligrosos. El ajedrez mágico, donde las piezas se atacan unas a otras, agrandado por McGonagall, incluso juegos de lógica. Durante el transcurso de estos desafíos, los tres chicos se mostrarán imprescindibles para superarlos, tanto los conocimientos de Hermione, como las habilidades de vuelo de Harry, como el dominio del ajedrez de Ron. Sin embargo, al final sólo Harry llegará a la última sala, donde el ladrón ya estará haciéndose con la piedra filosofal.

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Y aquí es donde llega el sorpresón del libro, porque Rowling decide no tirar hacia lo fácil, sino que el malo es el personaje menos imaginable: el pobre y t-t-tar-tamudo profesor Quirrell, un hombrecillo que durante todas las páginas del libro ha parecido como acosado por Snape. Ahora resulta que él es el malo, el servidor de Voldemort, y el que está intentando buscar la piedra. Y aquí entramos en lo que será una constante en los libros de la saga: la explicación. Al igual que Arthur Conan Doyle, las historias de Harry Potter están plagadas de pequeños detalles, juegos y pistas, que el lector pasa por algo pero son importantes  para la trama. Vemos que Quirrell siempre ha estado allí, junto a Snape cuando parecía que éste intentaba tirarle de la escoba, a pocos metros del banco cuando intentaron robar la piedra… etc etc. Quirrell se nos presenta como un hombre ambicioso y, algo mucho más aterrador, poseído por lo que alguna vez fue Lord Voldemort. El mago malvado más poderoso de todos los tiempos (como en todos los libros es malvado porque sí, al menos por ahora…) se nos presenta como una ruina patética, y nos lanza un discurso acerca de que no existe ni el bien ni el mal, sólo el poder, y personas demasiado débiles para buscarlo. Harry logra hacerse con la piedra, y cuando Quirrell intenta tocarlo, nota cómo sus manos empiezan a arder, consumiéndose ante el chico y dejando el espíritu de Voldemort igual de débil que antes, arrastrándose hacia la oscuridad.

El encuentro con Dumbledore, que regresa al castillo poco después, nos da algunas pistas sobre lo ocurrido. El viejo profesor asegura no poder contarnos, entre otras cosas, por qué Voldemort trató de matar a Harry cuando era un niño, aunque asegura que nos lo contará algún día. Pero nos deja una de sus perlas de sabiduría: Cuando Voldemort quiso matarlo, tuvo que pasar por encima de su madre, la cual se sacrificó por su hijo. Eso deja una marca, y no se refiere a la cicatriz con forma de rayo que Harry lleva en su frente desde que era niño, una marca que está dentro de él. Amor. Voldemort, un ser tan lleno de maldad, no puede tocar a alguien marcado de una forma tan pura. Y aunque no ha sido destruido, y es probable que pueda regresar, habrá que detenerlo una y otra vez, y evitar que eso ocurra.

Este primer volumen abrió la saga, y fue adaptado al cine de una forma casi literal, sin muchos defectos pero tampoco sin brillar. Los efectos a día de hoy cantan un poco ya, y eso es porque no tuvieron mucho tiempo para terminarla y la sacaron rápido, buscando una posible enemistad con El Señor de los Anillos, que también se estrenaría por esas fechas. Podemos fijarnos en que el protagonista, Daniel Radcliffe, parece tener un tic nervioso que le hace parpadear con sólo un ojo, y que posiblemente fuese corregido más adelante, y poco más hay que decir sobre este libro, que como todo buen primer paso, no es ni el más interesante ni el mejor escrito, pero sienta las bases de un universo tan peculiar y característico que llegará a ser tan agradable de visitar. Los Dursley nos han cautivado y aunque Snape sigue sin caernos bien y Dumbledore no es más que un sabio anciano, sabemos que habrá más, un segundo curso que sería mucho más oscuro y donde el mundo mágico comenzaría a asentar las bases de toda la épica que abarcaría hasta su mismísimo final. Hay algunos elementos sutiles que la autora explotará más adelante, como lo son el pequeño momento de gloria de Neville Longbottom, el típico chico desastre, o la minúscula mención a Sirius Black. No creo que todo estuviese delineado de antemano, como muchos han sugerido, pero sí es cierto que todos los elementos se juntarían con gran coherencia, profundizando en todos los detalles y llevándonos a un nivel más oscuro. Pero eso será en el segundo libro…

Puedes leer el análisis de Karelia pulsando aquí.

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  1. #1 por Karelia el 28 julio, 2011 - 20:38

    Me encanta esta peli y está entre las 3 que mas me gustan de la saga (literaria y cinéfila). Me hubiese encantado leerla cuando tenia 10 o 12 años. Creo que Rowling no inventó nada nuevo con este libro, pero supo hilvanarlo de otra manera y de ahí toda la fama que ha conseguido.

    Un gran post Ip.

  2. #2 por Huan-yu MacMullin el 26 abril, 2012 - 21:53

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