‘El Topo’, horchata en las venas.

Tomas Alfredson se ganó las puertas de Hollywood con su original e interesante relato vampírico en “Déjame Entrar”. Un tipo igualmente fiel a sus convicciones y a su estilo, digamosle nórdico, es decir, reposado, distante, frio, incluso demasiado, que no ha podido elegir un mejor género que el de espias para introducir todo este arsenal de “frivolismos”.

“El Topo” pretende, tanto en forma como en contenido, devolvernos la quintaesencia del cine de espias, primeramente porque se basa en una de las novelas más reconocidas del popularmente aclamado pionero del género John Le Carré, y segundo, porque nos lo recalcan efusivamente en el trailer -respaldados por un casting de órdago todo sea dicho-. Personalmente no conozco en absoluto su obra -y bien poco que me importa, al menos para lo que vamos a hablar aquí-.

Alfredson se antoja como un director con cierto pulso narrativo brillante -aunque sea por momentos-, con un gusto estético soberbio, y eso lo notamos especialmente en una o dos secuencias en las que la acción toma parte -como la escena en el café de Budapest- en  las que logra imprimir una angustia demoledora en cuestión de segundos. Sin embargo, a este tipo parece ser que a veces le pierden las formas, y es que no se puede estar sucumbiendo constantemente a un ritmo que no parece despegar más que en un par de momentos. Si tuvieramos que hacer la analogía con una figura de la naturaleza, diriamos que esta película es como un pantano, es estanca en apariencia porque no fluye, parece que no haya recorrido, pese a que la acción transcurra en ese mismo reposo, en el fondo de sus aguas, en una oscura y lóbrega densidad. En este sentido, “El Topo” puede convertirse para algunos en un ejercicio mental estimulante mientras que para otros se convierta en un bodrio de proporciones bíblicas.

Yo me encuentro a medio camino, y no porque me aburriera, en absoluto. Es simplemente el poso que deja la película… supongo que todos tenemos nuestro propio baremo inconsciente -o no- a la hora de valorar una película. El mio es el tiempo. Y si tengo que hacer una reseña sobre un estreno evidentemente el intérvalo de tiempo será corto, así que más bien hablaremos del “poso”, el regusto que nos deja una película tanto emocional como mentalmente. Lamentablemente, “El Topo” es una película emocionalmente insustancial, me resulta del todo imposible imaginar como una película así pueda llegar a transmitir algo más allá de  su propio esquema. El problema no es que no haya una historia de amor -que la hay, aunque minúscula-, el problema es que no conectamos con los personajes, que son en su gran mayoría, hombres grises, retratados equívocamente por Alfredson, que pretende robarles toda la humanidad que reside en los entresijos del relato -como cierto disparo en la secuencia final de la película que no deja de ser un “alivio” estéril para todo aquel que pretenda sentir cierta empatia por algún personaje- en un ejercicio excesivamente alejado de cualquier toque humano. Ni tanto ni tan poco, al menos, es lo que yo pienso. No se puede pretender profundizar sobre ningun tema sin sentar un antecedente emocional, y menos en un tema tan ajeno a la cotideanidad como es éste.

En el apartado técnico lo tenemos fácil, una fotografía deliberadamente  y exquisitamente “rancia” o viejuna, un verdadero eco de la época, una música totalmente acorde a cargo del cada vez más consagrado Alberto Iglesias, un guión enrevesado como mandan los cánones del género y un elenco de actores sublime: desde un  extremadamente hierático Gary Oldman hasta a un siempre convincente Mark Strong, acompañados de gente como Tom Hardy o Colin Firth. En este sentido, y en contraposición a lo antes comentado, el apartado con Tom Hardy al delante, todo lo que acontece a su relación con la agente soviética es probablemente lo mejor de la película, Alfredson consigue aquí contener un poco su gélido aliento y nos permite disfrutar de unos momentos realmente intensos y cercanos. Lamentablemente lo que parece ser que va a hacer despegar la película no es más que una cortina de humo y uno se queda pensando nostálgicamente en esa historia que tan abruptamente concluye en el nudo de la película.

En definitiva, y obviando la casi invisible humanidad del relato, nos quedamos con un rompecabezas a todas luces interesante pero… ¿realmente merecedor de esos 120 minutos duración? Para mi gusto una película un tanto excesiva en este sentido, con un metraje alargado hasta la extenuación por ese sello de estilo que Alfredson parece querarnos dejar claro con todo un despliegue de planos que duran más de lo necesario, que en muchos casos sabe utilizar bien en base a su juego de elipsis y silencios, pero que en otros casos no hacen más que amontonar bonitas postales -gracias a la excelente fotografía antes comentada y a una inteligente puesta en escena por parte de Alfredson- que nada  aportan al relato y que no estaria de más prescindir de ellas, ya que el relato de por si suficiente enrevesado es. Es en momentos como estos cuando recurro a muchos de los clásicos, que fueron y siguen siendo un ejemplo absoluto de sintesis, de consciencia del tiempo y ritmo, películas que sabian inducir perfectamente al espectador a la reflexión, sin por ello sacrificar la acción mediante planos “vacíos”.

Resumiendo, ‘El Topo’ cumple excelentemente en aspectos técnicos pero es una película sin alma. Y es que, pese a que muchos seamos capaces de saber disfrutar de sus virtudes, ‘El Topo’ da la sensación de haberse olvidado de lo más importante, conectar con el público.

Fdo:Moutache

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  1. #1 por Mark el 31 diciembre, 2011 - 23:15

    Creo que como ultimamente solo estrenan bazofias tras bazofias, en cuanto surge una pelicula ADULTA y buena ni lo sabemos apreciar.El topo es una de las MEJORES peliculas del año.

  2. #2 por Hernán el 26 febrero, 2012 - 06:01

    No se trata de que no tenga alma. ¿Por qué no pensar que el clima desalmado de la guerra fría es el mundo que le interesa a la película? ¿Y que su forma es coherente con ese mundo? Llegado el final, y luego de haberme perdido penosamente en varios momentos de la trama, entendí. Porque las pocas irrupciones de emoción son justas y necesarias, y quizás la clave para comprenderlo todo: no importan los topos, los rusos, los espías ni la laberíntica trama; lo que vertebra todo es una historia de amor.

    Saludos.

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